La magia de Santander

Con las palabras del poeta santanderino José del Río Sainz Pick[i], saludé a la ciudad a mi regreso este verano. “Otra vez, Santander, aquí me tienes, descansando en la paz de tu bahía.”  Nunca se sabe cuándo se va a volver… y siempre se agradece poder regresar, especialmente, si te han acogido bien. Y allí, frente al agua azul-rosa del atardecer cántabro, me sentí privilegiada y lo reconocí con alegría. Muchos buscan en Sevilla o Granada la magia de lo español, y ¿por qué no? Tienen mucho. No obstante, Santander también tiene su magia.

Muchas veces nos hablan de una sola cara de la ciudad: Santander la señorial, la fría, la tradicional, la ociosa, la aislada, la costosa –son algunos epítetos comunes para referirse a la ciudad. Esto lo dicen los que no la conocen o la conocen mal. (Cada cual habla de la feria según como le va en ella.) Se necesita tiempo para apreciar bien una ciudad. No me quiero apresurar a catalogarla. Primero quiero conocerla mejor: Entrar en sus rincones, oír las historias de su gente, recorrer los caminos de su historia. Toma tiempo. Puedo, eso sí, decir que he caminado sus calles y he visto mucho de la otra cara de la ciudad: A los africanos en sus negocios de piel, a los hispanoamericanos atendiendo pequeños negocios de telefonía móvil, sirviendo en restaurantes, cuidando ancianos. Santander se hace cada vez más internacional. Se puede ver el fenotipo de todos los grupos humanos de las Américas y se escuchan los diversos registros del español del Continente Americano, desde los del Caribe hasta los del Cono Sur. Sin embargo, su identidad sigue en pie. Impacta más el sabor local.

Excepto por su sol—que sólo se dignó salir a saludarnos hasta entrada la tercera semana, Santander nos ha recibido siempre bien. La paz de su bahía, sus mujeres elegantes y osadas, su exquisita comida, y su gente—más que nada, su gente: nos ha llevado a conocer la ciudad y nos ha invitado a perdernos en el sube-y-baja de sus colinas-vaivén cuyas calles, a veces, te prometen aventura…para encerrarte en su última curva y luego empujarte al punto de partida. Siempre frente al mar. Y hemos encontrado salsa, flamenco, rock … y, el goce de ver a nuestros estudiantes terminar un programa de estudios en el que ellos y sus familias españolas afirman hubo un progreso lingüístico. Lo más  conmovedor es ver el vínculo que crean con ese nuevo círculo familiar que les preparó una cama en sus aposentos y calentó para ellos un plato en su hogar. Un nuevo hogar, lejano del primero pero igualmente tibio y cerca del corazón, marcado en la piel, en los ojos, y el estómago; conectado en el cerebro por el aprendizaje de esa nueva lengua—que aunque no materna ha servido de tal, y que les ha permitido entender esos actos de aceptación. Después de la separación, la lejanía no ha de borrar el recuerdo; por el contrario, a través del lenguaje se acortará la distancia y una palabra o más habrán de decirse, y una puerta siempre permanecerá abierta.

Durante la visita al mercado “La Esperanza,” en la sección de la pescadería, presencié un diálogo entre los estudiantes y un pescadero: “¿Es ‘el mar’? O, ¿’la mar’?,” dijeron los chicos, tímidamente. El hombre respondió con una pregunta: ¿De qué habláis? Los chicos repitieron: “… La palabra ‘mar’ ¿es femenina o masculina?” Y el hombre: “Bueno, es que se siente, ¿no? ¡Es femenina! ¡Es la mar, claro! ¿No lo sentís? La mar, la mar, la mar … es femenina. ¡Se siente!” Todo esto mientras subía sus dos manos enroscándolas lentamente frente a su vientre como indicando que le salía de las entrañas. Fue tan intenso que nos miramos, luego a él, y le dijimos: “Sí, claro. Se siente. ¡Es femenina!”  Nos había convencido.  Luego andaban los chicos repitiendo: “Es la mar.” [Discutimos el asunto del cambio de género en clase.  La experiencia les fascinó.] Así, ¡no hay quien no aprenda la lengua!

Queda claro que lo que mejor habla de Santander son nuestros estudiantes. Historias como ésas quedan en su corazón y en su memoria lingüística del español. Ellos lo han dicho. Y, ahora que hemos iniciado el uso del blog para estudiantes en estos programas, no hay más que leerlo para corroborar lo que digo y comprobar que el español de los estudiantes es bueno y, mejor aun, sus observaciones sobre Santander y su experiencia. Os enamoraréis también; ¡como yo!

 

[i] Salcines, Luis Alberto. Desde la bahía. Poetas de Cantabria cantan a la bahía santanderina. Selección poética. Creática Ediciones, 2006: 17.

Acerca de Clara Sotelo

Born in Bogotá, Colombia. Studied and specialized in languages--maternal and foreig, anthropology, feminism, literature, social change and justice, environmental issues, and more.
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