Un cuento real

INOCENCIA Y DESQUICIO Agosto 2016
{Una recreación feminista de una experiencia real.} Por C. Sotelo
“¡Corramos, amigas! ¡No se queden atrás!
“Yo no lo vi salir corriendo. ¡No viene persiguiéndonos, parece!”
“Eso crees tú. Tal vez nos va a seguir de lejos.”
“Nos ha mirado intensa y horriblemente. Tengo mucho miedo.”
“Todas tenemos miedo.”
¿Dónde está Juana?”
Las niñas, de entre 11 y 13 años, iban saliendo de la escuela camino a la academia donde aprendían música. Decidieron tomar la calle cercana al cementerio por estar desierta y porque les permitía llegar más rápido. Unos metros antes de la esquina que debían doblar hacia el norte camino a su lugar, vieron a un hombre delgado, con el cabello largo, poco limpio, y menos aún, organizado. Parecía haber acabado de agarrarse de un cable eléctrico y tenía la apariencia de la Medusa.
Se les acercó con un movimiento inicial que no expresaba agresión. Miraba hacia abajo y ocasionalmente al frente, ignorándolas completamente. Las chicas no tuvieron miedo de él. Al llegar frente a ellas, el hombre abrió su abrigo y las niñas corrieron hasta llegar a la calle de la academia y, sin parar, entrar en ella, despavoridas. Estaban cerca, menos mal! Eran 5.
No podían creer lo que habían visto. Las más jóvenes—todavía confundidas, preguntaban a las mayores si era que el hombre llevaba un niño entre sus pantalones—o al menos su brazo. Eso fue lo que las asustó. Qué inocencia. Lloraban, sin embargo, porque les había dado la impresión de ser un monstruo lo que habían visto. Las mayores abrazaban a las menores tratando de consolarlas. “No ha pasado nada” Decía una. “Fue más el susto que otra cosa,” dijo la otra. Ellas ya habían estudiado algo de sexualidad y entendían vagamente lo que podía ser (nunca lo habían visto en persona); aun con la respiración entrecortada acertaron a decirse, mirándose una a otra, temblando voz y cuerpo. “Era uno de esos que muestran su órgan…” ¡Ahhh! Noooo ¡Qué asco!”
“¡Era enorme. No quiero ni volverme a acordar. Parecía el brazo de un bebé!”

“No nos pidan que hablemos. Eso nos tortura más. Qué asco.”

Acezaban. Se cubrían la cara. Seguían llorando. Se abrazaban.

“Ayúdeme. Ayúdenos a todas, mejor. Es increíble lo que acabamos de ver. Ha sido horrible.”

Parecía que se desmayaban por la respiración rápida y entrecortada. Luego de entrar todas en la secretaría de la academia, con la ayuda de la secretaria y algunos estudiantes que estaban allí, se desplomaron en las sillas que encontraron. No todas pudieron hacerlo y algunas cayeron al piso. La secretaria trajo agua para cada una. Entre sorbos y palabras entrecortadas, seguían tratando de explicar qué había pasado. No se les entendía nada, hablaban al tiempo y reaccionaban según iban recordando.
“Yo no me di cuenta qué pasaba hasta que empezaron a correr todas ustedes. Casi me caigo y quedé de última y paralizada cuando vino hasta mí y me dijo que si quería, mientras mostraba la horrible cosa que salía de su pantalón. Gracias a quien sea que me vino a rescatar, ayudándome a salir de la sensación de miedo e inmovilidad y arrastrarme otra vez con el grupo.”

“No nos ha tocado ese bruto, pero nos ha dejado una huella tan honda como una herida. Yo, al menos, me siento completamente como si me acabaran de pegar, de romper las entrañas y no sé si podré dejar que un hombre me toque jamás ¡Mucho menos que me penetre!”

Acerca de Clara Sotelo

Born in Bogotá, Colombia. Studied and specialized in languages--maternal and foreig, anthropology, feminism, literature, social change and justice, environmental issues, and more.
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