No he sido yo

El hombre saltó al tiempo que se cubría los genitales con las dos manos. La gente que lo rodeaba se movió hacia atrás, golpeando sin querer a sus compañeros de viaje en el destartalado autobús que los llevaba a sus respectivos sitios de explotación.
“La muy perra” chilló–mientras se incorporaba y se acercaba hasta la cara de una mujer que sentada cerca de donde él estaba, lo miraba con cierta cara de sorna. Las manos de los pasajeros se dirigieron casi simultáneamente a cubrir sus bocas que exhalaban un AHHHH ante la acción del hombre que intentaba bajarse los pantalones.
“¡Me ha chuzado con algo! Quiero que vean que no miento. Quiso arruinar mi hombría.” Asesaba con furia, mientras seguía manipulándose la ropa para mostrar su herida. Pero nadie quería verla, y así, con gesto dolorido por el rechazo y la punzada en la entrepierna, se encogía para mirar con pesadumbre si entre sus piernas había sangre.
“Si me ha marcado usted lo más preciado que tengo en la vida” (las manos sobre el pene); y peor aún,… si estoy sangrando…!” Su dedo en el entrecejo de la acusada y la furia en sus palabras que no se hizo esperar:
“La voy a matar! ¿Quién se ha creído?” Gritó el hombre.
Unos segundos antes, todo parecía normal. El bus transitaba por las calles maltenidas de una ciudad caótica e indolente que parecía ajena al diario acontecer de sus automatizados ciudadanos. Llevaba entre saltos y frenazos, y el mayor descuido posible de su conductor, una carga que parecía más de bestias que de seres humanos, los que no se manifestaban ya, por no tener nada más de qué quejarse—y estaban muy cansados; y como desensibilizados.
“¿Qué pasa?” dijo el conductor mientras se iba deteniendo de mala y brusca manera al subirse al andén resquebrajado que daba entrada a un lote vacío, lo que le daba la posibilidad de no atascar más el tráfico estítico de la indigesta ciudad. Su brusca salida rompió la parálisis en que estaban todos mirando a la pareja en conflicto. La mujer se levantó para intentar bajarse aprovechando que el hombre seguía agachado mirando entre sus piernas para ver el rastro de sangre.
“¡No se va a salir con la suya!” le susurró a la mujer mientras la detenía.
“Ella fue quien me hirió,” insistía agarrándola por el brazo y con fuerza obligándola a permanecer dentro del vehículo ya detenido.
“La señora no ha hecho nada.” Se paró a asegurarlo el hombre que había viajado a su lado.
“He venido sentado junto a ella desde que se subió, y no ha movido las manos de su canto.” Continuó mientras el agraviado hablaba por encima de él diciendo:
“¡No sé cómo lo ha hecho pero que me ha clavado algo, les puedo mostrar la sangre.”
“No, gracias!” gritaron en coro varios pasajeros volteando sus rostros en dirección opuesta.
El pantalón a medias, bajó un poco más. El hombre lo sostuvo a media pierna con una mano mientras con la otra trató de obstaculizar la salida de la mujer. Solo pudo comenzar a hacerlo torpemente, ya que quería detenerla a toda costa, cuando sintió que su pantalón se caía hasta el piso y que no iba a poder correr tras ella con esa prenda amarrada entre sus pies. Y mientras se vestía y se quejaba: “tan pronto me pueda mover, verá quien manda aquí la muy cabrona!” La mujer ya fuera del bus, rodeada de una masa de curiosos que se agolpaban mirándolos, tan incrédula y sorprendida como los que había quedado dentro, exclamó seria y circunspecta:
“Hace 8 días me hizo usted algo parecido a lo de hoy. ¿Ya lo olvidó? Me clavó su miembro duro y caliente en las caderas, cuando en este mismo bus que iba más lleno, Ud. se aprovechó del ajetreo, de la proximidad a mi cuerpo y del miedo que vio en mis ojos. ¿Tampoco se acuerda que hoy fue usted quien empezó a restregarse contra mi hombro? Le dije un par de veces que se retirara y hasta lo empujé con el hombro, para nada. Es más, me susurró al oído que le gustaría clavármelo; que si no era acaso eso lo que yo quería. Y, como lo ha sentido, usted fue quien se lo clavó. Yo no tengo la culpa que a mi modista se le haya olvidado algún alfiler hoy cuando fui a su costurero. ”
Y, después de una breve pausa agregó:
“Dígame ahora, en serio, ¿quién debería matar a quién?”

Acerca de Clara Sotelo

Born in Bogotá, Colombia. Studied and specialized in languages--maternal and foreig, anthropology, feminism, literature, social change and justice, environmental issues, and more.
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